La infancia es una de las etapas más representativas de mi vida, fue un periodo donde aprendí a ser niño y creador.

Recuerdo crear mis primeras piezas “artísticas” a través del juego. Me gustaba observar como transformaba las grandes enciclopedias  del salón en habitáculos para mis muñecos. O como un bote de cristal lleno de agua podía transportar a un muñeco a través del espacio-tiempo dentro del congelador.

Recuerdo el modo, en que mi imaginación volaba e iba conectando diferentes ideas, materiales, historias y personajes. Cada historia que inventaba estaba llena de magia.

Parte de mi infancia fue solitaria, me gustaba estar aislado en mis pequeños mundos, mis pequeñas creaciones, fue así como conseguí cultivar mi mundo interior, la fantasía y los sueños. En definitiva… así aprendí a crear, jugando…

“Todos los niños nacen artistas. El problema es como seguir siendo artistas al crecer.” Pablo Picasso.

Llegó el día en que debía CRECER y comencé el instituto. Recuerdo con intensidad el día en que la magia del juego se desvaneció entre mis manos, mis juguetes perdieron su luz y con ellos mi imaginación se marchitó. No entendía que sucedía, ¿porque lo que hasta entonces había sido mágico ahora se convertía en material en cuestión de segundos? Pasé varios días intentando dar cuerda a la imaginación y a los muñecos, pero fue ineludible. Fue entonces cuando empecé a separarme de ese mundo interior y poco a poco fui olvidando quien era.

Con los años descubrí las artes plásticas y la música. Fue en ese momento en el que empecé a interesarme por el Arte, fue así como el camino artístico me condujo hasta primero de carrera. Durante  mi formación artística comencé un proceso terapéutico de “autoconocimiento” donde comencé a comprender quien era y que quería expresar a través de mi obra. Este proceso sirvió para desarrollar mi propio lenguaje a través de la expresión artística y así poder contar toda esa información procedente de mi mundo interno. A raíz de esto comencé a recordar quien era, volví a ser creador, a ser niño a jugar.

El camino del artista es un viaje hacia el interior del ser, un recorrido que necesita de la observación y del autoaprendizaje, para evolucionar y crear nuevas posibilidades, nuevas aperturas de conciencia. En definitiva nuevos caminos que  acerquen al autentico “yo soy”.

“Me gusta hablar acerca de esto ya que al igual Picasso, creo que todos nacemos niños y artistas. Al ir creciendo olvidamos esa chispa que enciende la llama de la imaginación, esa llave que abre las puertas a nuevos mundos llenos de posibilidades y colores. Como artista tengo claro que mi función en esta sociedad es reeducar las mentes, modelar el pensamiento para conectar nuevas ideas adaptadas a los nuevos tiempos”

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